La Universidad expulsa a 30.000 alumnos al año por rendir poco

Estudiantes de Asturias se rebelan contra la norma que les echa de su carrera

Representantes y afectados de la normativa de permanencia de la Universidad de Oviedo / PACO PAREDES (EL PAÍS)

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Unos 30.000 alumnos de las universidades públicas españolas son expulsados cada año de sus carreras por bajo rendimiento, según las estimaciones de expertos. Los campus fijan de forma autónoma unas líneas rojas que afectan sobre todo a los primeros cursos de la titulación para que el estudiante no se eternice en una carrera mal elegida. En las universidades públicas hay más de un millón de matriculados.

Esta regulación, pensada para garantizar el buen uso de los fondos públicos, suele pasar desapercibida para los estudiantes. Lo ha puesto de manifiesto la protesta de las últimas semanas de un grupo de alumnos de la Universidad de Oviedo contra una norma que ven arbitraria y poco publicitada.

“Se permitieron matrículas mal hechas y se cobró por ellas, llegaremos a los tribunales si es necesario”, explica Alejandro González, representante de los alumnos asturianos.

Los criterios para decidir si un universitario está perdiendo el tiempo en su facultad están recogidos en las llamadas normativas de permanencia. La mayoría de las universidades públicas las revisaron a partir de 2008 con la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado plan Bolonia. Las normas incluyen básicamente un número mínimo de créditos a aprobar y un plazo máximo de tiempo para hacerlo. Normalmente, permiten al expulsado de un título una segunda matrícula en otra carrera de la misma universidad tras la expulsión. No suelen contemplar terceras oportunidades.

La agencia de evaluación ANECA y los consejos sociales de los campus recomendaron hace ya dos años una revisión de los modelos en el informe Universidades y Normativas de Permanencia Reflexiones para el futuro. Ese estudio no se ha hecho ni se ha elaborado un recuento oficial de los afectados. El experto en financiación universitaria Juan Hernández Armenteros, que participó en el citado informe, estima que son unos 30.000 alumnos de grado, el 3% del total. Ha hecho este cálculo a partir de un estudio sobre rendimiento realizado en la Universidad de Jaén por Enrique Bernal y Juan Lillo. Otros expertos consultados coinciden en la estimación.

“Las normas

de permanencia suelen ser laxas”, dice un experto

“En general, las normas de las universidades públicas españolas son muy laxas”, advierte Hernández Armenteros, que asegura que en las universidades con normativas más duras hay menos expulsiones si los estudiantes están bien informados. Las expulsiones, además, afectan más a los alumnos menos vocacionales. “Es difícil que se produzcan bajas por la normativa en las carreras en las que el estudiante tiene una preferencia clara y una nota de corte alto”, añade Manuel López, presidente de la Conferencia de Rectores de España (CRUE).

En la Universidad de Oviedo, la movilización ha partido de la facultad de Trabajo Social. El grueso de afectados son alumnos de “Derecho, Económicas e Ingenierías, por la sencilla razón de que es donde tenemos más alumnos”, explica el vicerrector de Estudiantes, Luis Rodríguez Muñiz. La cifra de afectados aún no está cerrada. Las estimaciones oscilan entre el millar que calcula el Rectorado y unos 500, según los representantes del alumnado, de un total de 21.791.

La normativa de permanencia de Oviedo establece que un alumno debe tener al menos 90 créditos en su tercer año universitario, de los que 48 tendrán que ser de asignaturas del primer curso. Los alumnos se han opuesto a esta norma, aprobada en su campus de 2010, pero cuyos efectos se ven ahora cuando han pasado los tres primeros años.

“Hay menos bajas en títulos “con notas de corte altas”, añade un rector

Carlos Lorenzo, de 21 años, acaba de terminar el tercer curso de Trabajo Social. Lleva más de 90 créditos pero no cumple con el requisito de que más de la mitad sean del primer año. Explica que aparcó varias asignaturas relacionadas con Derecho, su particular bestia negra, para estudiarlas todas juntas al final del curso. “Cuando fui a hacer la matrícula, no me avisaron de que corría el riesgo de ser expulsado si no las cogía”, se queja. Su universidad se compromete a mejorar los mecanismos de información y a pedir al consejo social que revise el criterio de los 48 créditos. “En el resto de casos, hay que aplicar la norma”, añade el vicerrector.

La coordinadora estatal de estudiantes universitarios CREUP pide que se revisen estas normas para permitir flexibilidad en los estudios, como lo que pretende el alumno Carlos Lorenzo agrupando todas las asignaturas de Derecho de una vez, y que se tenga en cuenta el panorama actual. “Situaciones que antes eran excepcionales, como que un estudiante trabajara, se han convertido en algo normal por la crisis y eso debe quedar bien recogido”, defiende su presidente, Luis Cereijo.

Los consejos sociales universitarios admiten que la revisión “es una asignatura pendiente”, según Julio Revilla, vicepresidente de la conferencia que los aglutina. “No hace falta que todas las normas sean iguales, pero deberíamos asegurar una coherencia en los modelos y una vinculación con el sistema de becas y de precios públicos”. El presidente de los rectores, Manuel López, ahonda: “Más allá de los expulsados por la normativa, el drama es para los que se quedan fuera por razones económicas o dificultades para conseguir una beca”. Los rectores han reclamado insistentemente en los últimos años al Ministerio de Educación que revise el sistema de ayudas para que nadie quede fuera por falta de dinero.

 

Un modelo para cada campus

Las universidades españolas están obligadas a fijar unos requisitos mínimos de exigencia a sus alumnos para que sigan estudiando la titulación elegida. Son las llamadas normativas de permanencia. La Ley Orgánica de Universidades (LOU) establece que los consejos sociales universitarios, en los que participan representantes externos (empresas o Administraciones) junto con los rectorados y los estudiantes, son los que deben impulsar y aprobar estas normas.

Los criterios fueron revisados en la mayoría de los campus públicos a partir de 2008. Antes se requería que el estudiante agotara un número determinado de convocatorias de examen, ahora suelen distinguir entre alumnos con dedicación total o parcial y fijar un número mínimo de créditos a superar en un periodo de tiempo determinado, sin incluir distinciones entre carreras.

La Universidad de León fija un mínimo de 12 créditos aprobados por curso, lo que equivale generalmente a dos asignaturas (la media es de seis créditos por materia). Tiene 157 afectados de 13.582 alumnos. La Universidad de Barcelona prevé 18 créditos cuando el alumno se matricule a tiempo completo (60 créditos anuales). Entre las más duras está la Pompeu Fabra, que fija que se deben aprobar la mitad de los créditos matriculados en el primer curso para seguir matriculado en ese grado.

La Complutense o la de Sevilla piden que el alumno de primer curso apruebe al menos una asignatura para poder seguir en esa titulación y permiten agotar hasta seis convocatorias de examen por materia. En Sevilla hay solo 19 afectados de 64.000 alumnos. Su vicerrectora de Estudiantes, Pastora Revuelta, defiende que las normas sean distintas entre universidades, como ocurre con las notas de corte o los criterios de acceso. “Con todas las restricciones que ya existen, es absurdo cambiarlas. El incremento de precios aprobado para segundas, terceras y cuartas matrículas [en las que el alumno paga hasta el 100% del coste] ya es bastante persuasivo”, señala Revuelta.

Para qué sirve un doctorado cuando no hay puestos de trabajo para los doctores

21 abr 11

Hace años obtener un doctorado era una garantía para iniciar una prometedora carrera investigadora; a medio plazo todo doctor obtenía un buen puesto de trabajo académico en una universidad o en un instituto de investigación o el departamento de I+D de una gran empresa. Ahora las tornas han cambiado. Hay demasiados programas de doctorado produciendo demasiados doctores para un mercado laboral limitado. Como resultado muchos doctores no pueden desarrollar una carrera académica o investigadora. En plena crisis económica, una crisis que muchos creen que durará muchos años, es el momento de replantearse para qué sirve un doctorado. Nos lo cuentan el editorial “Fix the PhD,” Nature 472: 259–260, 21 April 2011; Mark Taylor, “Reform the PhD system or close it down,” Nature 472: 261, 21 April 2011; David Cyranoski, Natasha Gilbert, Heidi Ledford, Anjali Nayar, Mohammed Yahia, “Education: The PhD factory. The world is producing more PhDs than ever before. Is it time to stop?,” News Feature, Nature 472: 276-279, 21 April 2011; Alison McCook, “Education: Rethinking PhDs. Fix it, overhaul it or skip it completely,” News Feature, Nature 472: 280-282, 21 April 2011; Peter Fiske, “What is a PhD really worth?,” Nature 472: 381, 21 April 2011; y Raymond Gosling, Cheryll Tickle, Steve W. Running, Yao Tandong, Andras Dinnyes, A. A. Osowole, Erika Cule, “Seven ages of the PhD,” Nature 472: 283–286, 21 April 2011.

El mundo tiene muchos problemas y tiene un montón de gente con una formación académica excelente para resolverlos. La mayoría de los países, convencidos de que la educación superior y la investigación científica son claves para el crecimiento económico y la prosperidad, están ampliando la educación doctoral. Parece una buena noticia que cada vez haya más doctores en ciencia, tecnología e ingeniería. Pero según nos recuerdan en Nature, hay razones para la cautela. Un crecimiento ilimitado podría diluir la calidad de los doctorados. Además, los doctores más brillantes ya no son la élite de las instituciones académicas y deben ocupar puestos de posdoctorado mal pagados entre cinco y diez años antes de encontrar un puesto académico permanente, si lo encuentran. Esta carrera de obstáculos desilusiona a muchas mentes brillantes que acaban en puestos laborales para los que están sobrepreparados.

El problema no es sólo un problema de España, también lo es de Estados Unidos y del resto de Europa. El sistema de educación doctoral “medieval” no es sostenible y debe ser reformado. Hay muy pocos puestos de trabajo para personas que han consumido más de diez años de su vida en su formación predoctoral y posdoctoral. Muchos de estos investigadores son “clones” de sus “jefes” (directores o supervisores): hacen bien lo que sus mentores hacen bien. El problema es que cuando los estudiantes terminan su formación no encuentran un puesto de trabajo académico similar al de sus mentores porque no hay una oferta suficiente de puestos vacantes. Las universidades se enfrentan a dificultades financieras crecientes que les impide crecer al ritmo al que han estado creciendo durante décadas.

Los programas de doctorado no están diseñados para formar a doctores que abandonen la investigación una vez hayan defendido su tesis. Son programas de doctorado demasiado especializados e irrelevantes para el mundo laboral más allá del académico. Muchas tesis doctorales son tan especializadas que sus resultados son de interés sólo para un reducido grupo de expertos que trabajan en el mismo campo, subcampo y subsubcampo de la tesis. Muchos doctores lo saben todo de nada. Muchos doctorandos son incapaces de hablar con fluidez sobre los detalles de su tesis con otros doctorandos del mismo departamento. Según Mark Taylor los doctorados tienen que ser más multidisciplinares y muchos programas de doctorado deben ser eliminados si no son adecuados o son redundantes. Son decisiones difíciles que deben tomar los administradores de las universidades. Para facilitar el cambio, las universidades deben desarrollar estructuras y procedimientos que fomenten la cooperación. Ello les permitiría compartir los profesores, estudiantes y recursos, y aumentar de manera eficiente las oportunidades educativas.

Cyranoski et al. nos recuerdan que el número de doctores en ciencia se incrementado casi un 40% cada año entre 1998 y 2008 en los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). En algunos países, incluyendo Estados Unidos y Japón, la oferta de doctores ha sobrepasado la demanda y, aunque pocos doctores terminan desempleados, no está del todo claro si merece la pena pasar tantos años para conseguir un alto nivel de calificación para luego ocupar un puesto de profesor de enseñanza secundaria, por ejemplo. En otros países, como China e India, la economía se desarrolla tan rápido que pueden colocar a todos sus doctores e incluso incorporar otros allende sus fronteras. Sólo en unos pocos países, entre ellos Alemania, se ha resuelto con éxito el problema redefiniendo la tesis doctoral como requisito para la formación de altos cargos en las empresas y adaptando los programas de doctorado de forma adecuada. El artículo de Cyranoski et al. discute la situación en países como Japón, China, México, Alemania, Polonia, Egipto y Estados Unidos.

McCook nos relata varios casos concretos del programa de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) llamado IGERT (Integrative Graduate Education and Research Traineeship) para la educación integral de estudiantes graduados y su formación en investigación. Este programa, dotó de 3 millones de dólares a cinco instituciones de los EE.UU. para desarrollar programas que ayuden a los estudiantes adquirir habilidades profesionales y hacer frente a problemas del mundo real. Por lo que cuenta McCook parece que está teniendo cierto éxito.

Nadine Gordimer dies aged 90

Family say Nobel-prize-winning author died peacefully in Johannesburg on Sunday

Nadine Gordimer: A life in quotes
Nadine Gordimer inspired Mandela – tell us about your favourite protest writers

Nadine Gordimer
Nadine Gordimer pictured in 2010. Photograph: Martin Argles for the Guardian

Staff and agencies

Monday 14 July 2014 15.19 BST

The South African Nobel-prize-winning author Nadine Gordimer, one of the literary world’s most powerful voices against apartheid, has died at the age of 90, her family say.

Gordimer died peacefully at her Johannesburg home on Sunday evening in the presence of her children, Hugo and Oriane, a statement from the family said.

Born in Gauteng, South Africa, in 1923 to immigrant European parents, Gordimer was awarded the Nobel prize for literature in 1991 for novels and short stories that reflected the drama of human life and emotion in a society warped by decades of white-minority rule.

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Many of her stories dealt with the themes of love, hate and friendship under the pressures of the racially segregated system that ended in 1994, when Nelson Mandela became South Africa’s first black president.

She was called one of the great “guerrillas of the imagination” by the poet Seamus Heaney, and a “magnificent epic writer” by the Nobel committee.

Gordimer became active in the then banned African National Congress after the Sharpeville massacre, and was one of the first people Mandela asked to see when he was released in 1990.

“She cared most deeply about South Africa, its culture, its people and its on-going struggle to realize its new democracy,” the family statement said.

She had three books banned under the apartheid regime’s censorship laws, along with an anthology of poetry by black South African writers that she collected and had published.

The first book to be banned was A World of Strangers, the story of an apolitical Briton drifting into friendships with black South Africans in segregated Johannesburg in the 1950s.

In 1979 Burger’s Daughter was banished from the shelves for its portrayal of a woman’s attempt to establish her own identity after her father’s death in jail makes him a political hero.

In later years, Gordimer became a vocal campaigner in the HIV/AIDS movement, lobbying and fund-raising on behalf of the Treatment Action Campaign, a group pushing for the South African government to provide free, life-saving drugs to sufferers.

Nor did she shy away from criticising the ANC under Jacob Zuma, expressing her opposition to a proposed law which limits the publication of information deemed sensitive by the government.

“The reintroduction of censorship is unthinkable when you think how people suffered to get rid of censorship in all its forms,” she said in an interview last month.

 

Fallece la Nobel Nadine Gordimer, voz literaria contra el ‘apartheid’

La escritora, que obtuvo el gran reconocimiento literario en 1991, muere en Johanesburgo

La escritora Nadine Gordimer, en su casa de Johanesburgo. / JORDI MATAS

La escritora Nadine Gordimer, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1991, falleció ayer domingo por la tarde a los 90 años en su casa de Johanesburgo, ha confirmado hoy la familia de la autora a medios sudafricanos. La escritora estuvo acompañada en sus últimas horas por sus hijos Hugo y Oriane. Gordimer, nacida en Springs, una localidad cercana a Johanesburgo, el 20 de noviembre de 1923, estaba considerada como una de las grandes autoras de su país. Fue una de las voces más poderosas contra el apartheid y defendió su compromiso “por devolver la dignidad a la población negra sudafricana”.

A lo largo de una prestigiosa carrera, escribió 15 novelas y una docena de relatos cortos. Entre sus títulos destacan como La historia de mi hijo, El conservador o Mundo de extraños. Al entregarle el Nobel, el jurado del premio destacó que “por sus magníficas obras épicas Gordimer ha aportado eminentes servicios a la humanidad”.Y en su discurso ella aseveró: “El hombre es el único animal con capacidad de observarse a sí mismo y que ha sido dotado de la dolorosa capacidad de haber querido siempre saber el porqué. Y esto no es sólo la gran cuestión ontológica sobre por qué estamos aquí, a través de qué religiones o filosofías buscamos la respuesta final que distintos pueblos en distintos tiempos se han formulado, sino que desde que el ser humano comenzó esa observación de sí mismo ha buscado también la explicación de los fenómenos cotidianos, como la procreación, la muerte, el cambio de las estaciones”.

La autora también recibió un gran número de premios y distinciones, entre ellos, 15 doctorados honoris causa por universidades como Yale, Harvard, Columbia, Cambridge, Lovaina, en Bélgica y Ciudad del Cabo. Publicó su primer cuento en una revista sudafricana la los 15 años. Y en 1949, unos 10 años más tarde, ya editó una colección de relatos, Face to face. La primera novela, The lying days, en cambio, es de 1953.

En una entrevista a este periódico el año pasado decía que nunca había sido una escritora política “pero la política está en mis huesos, mi sangre, mi cuerpo”. “Soy vieja, puede que con espíritu fuerte, pero carnes débiles. Mejor que hablemos de otra cosa”, aseguraba al ser preguntada por cómo se encontraba.

Ventajas aprender idiomas: 7 razones científicas para hacerlo

EL HUFFINGTON POST  | Por Amanda L. Chan
Publicado: 01/07/2014 09:39 CEST Actualizado: 01/07/2014 09:48 CEST

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SPEAK LANGUAGES

Es una de las verdades universales: ser bilingüe o políglota sólo puede considerarse algo positivo. Tienes la capacidad de viajar constantemente a otro país, de interactuar con gente con la que si no no podrías comunicarte, de entender de verdad otra cultura, de sumergirte en ella (sea o no sea la tuya propia), y, en otro orden de cosas, de pedir un menú y saber realmente lo que estás pidiendo.

Además de estas razones, existen múltiples investigaciones que demuestran que hablar más de una lengua también es bueno para tu salud, especialmente, para la salud de tu cerebro. Aquí tienes los motivos por los que ser bilingüe tiene más de una ventaja.

1. Mejor “flexibilidad cognitiva”

spring flexible

Según un estudio de The Journal of Neuroscience, los adultos que han hablado dos lenguas desde su infancia tienen mejor flexibilidad cognitiva, es decir, tienen más facilidad para adaptarse a una circunstancia nueva o inesperada que los adultos que sólo hablan una lengua. En el estudio, los participantes tenían que completar una tarea de flexibilidad cognitiva; aunque tanto los adultos monolingües como los bilingües fueron capaces de completarla, los bilingües lo hicieron con más rapidez y además determinadas partes de su cerebro necesitaron menos energía para llevarla a cabo.

2. Agilidad mental durante más tiempo

Esto también se cumple en las personas que aprenden una segunda lengua siendo ya mayores, de acuerdo con un reciente estudio publicado en Annals of Neurology. En la investigación, se realizaron tests de inteligencia a los participantes, hablantes nativos de inglés, cuando tenían 11 años y unas décadas después, cuando cumplieron los 70. La gente que hablaba dos o más lenguas mostró mejores capacidades cognitivas (especialmente en los tests de inteligencia general y de lectura) con respecto a su nivel de base en comparación con las personas que sólo hablaban una lengua.

3. Las palabras se ven de forma diferente a como lo hacen los monolingües

La gente que habla dos lenguas puede procesar ciertas palabras más rápido, sobre todo si dicha palabra tiene el mismo significado en ambas lenguas, según un estudio de Psychological Science. Gracias a la tecnología de movimiento ocular, los investigadores descubrieron que las personas bilingües pasan menos tiempo observando los llamados “cognados” (palabras de distintos idiomas que comparten la misma raíz morfológica, como por ejemplo, “lune” en francés y “luna” en español), lo que sugiere que su cerebro necesita menos tiempo para procesar la palabra, explicaba Scientific American.

4. No hay inmunidad al Alzheimer, pero sí se desarrolla de forma más tardía

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Cualquiera puede padecer Alzheimer, pero las personas bilingües desarrollan esta enfermedad cuatro o cinco años más tarde que las monolingües, de acuerdo con los descubrimientos presentados en el encuentro de 2011 de la American Association for the Advancement of Science. En el estudio participaron 450 pacientes con Alzheimer, la mitad de los cuales habían hablado dos lenguas la mayor parte de sus vidas.

5. Los niños resuelven mejor los problemas

Parece que los niños bilingües realizan mejor las tareas que implican creatividad y capacidad de resolución de problemas, según una investigación publicada en el International Journal of Bilingualism. En el estudio participaron 121 niños, la mitad bilingües, y se les pidió que completaran tareas relacionadas con la repetición de series de números, la resolución mental de problemas matemáticos y la reproducción de patrones con bloques de color, explicaba HealthDay.

6. Su cerebro cambia de tarea con más facilidad

switch

Los niños bilingües pueden ser más rápidos al cambiar de tarea, de acuerdo con un estudio de Child Development. En el estudio, tanto niños bilingües como monolingües tenían que observar imágenes de animales o figuras de colores en una pantalla de ordenador. Cuando a los niños se les pidió que pulsaran un botón para cambiar de las imágenes de animales a las imágenes de colores, los niños bilingües lo hacían más rápido.

7. La capacidad de pensar en otra lengua ayuda a tomar decisiones más razonadas

Cuando la gente piensa en otra lengua tiene más probabilidades de tomar una decisión racional en una situación problemática, según una investigación de 2012 de la revista Psychological Studies. Debido a que las personas, por naturaleza, son reacias a la pérdida, tienden a tomar decisiones que la minimicen, aunque la balanza esté inclinada a su favor. No obstante, investigadores de la Universidad de Chicago descubrieron que cuando la gente piensa en una lengua extranjera, esto les da distancia, lo cual les ayuda a tomar decisiones más deliberadas y menos dependientes de las emociones. “Quizás el factor más importante es que una lengua extranjera tiene menos resonancia emocional que la lengua materna”, comentaba Sayuri Hayakawa, investigadora del estudio. “Una reacción emocional puede conllevar decisiones motivadas por el miedo más que por la esperanza, aunque las probabilidades nos sean muy favorables”.

Traducción de Marina Velasco Serrano

Great googly moogly! Ya está confirmado: después de verano saldrá a la venta en español la autobiografía de Frank Zappa, “The Real Frank Zappa Book”. Vicente Forés y yo nos hemos encargado de la edición y traducción. El libro es maravilloso, una obra fundamental de la literatura rock. Ya iremos comentando detalles.

 

Los comentarios mejor los mantenemos en facebook, por que aquí como que no tocan.

 

salut

vicente

 

The Real Frank Zappa Book en español

The Real Frank Zappa Book en español

Publicado el 21 junio 2014

The Real Frank Zappa Book

Por fin, tras una larguísima espera, se puede confirmar que a finales de verano (Debería estar en las librerías en septiembre) y después de muchas y arduas negociaciones verá la luz la versión en español de “The Real Frank Zappa Book” la única autobiografía de Zappa, publicada originalmente en 1989 con la colaboración de Peter Occhiogrosso.

Se ha hecho mucho de esperar, pero seguro que la espera habrá merecido la pena. La publicará la editorial Malpasoque, entre otras, ya ha publicado las memorias de otras leyendas del rock como Neil Young, Johnny Ramone o Pete Townshend. La edición y traducción española ha corrido a cargo de Manuel de la Fuente (un habitual de este blog y buen amigo) y Vicente Forés (Profesor de Filología Inglesa en la Universidad de Valencia)

A medida que vayamos conociendo mas datos iremos actualizando este artículo.

Para amenizar la espera, un fragmento del libro, traducido por mi hace años con cierta prisa. No es, repito, no es un extracto del libro, solo una aportación personal:

Estamos en 1965…

FZ: Nos contrataron (Eran las Mothers solamente entonces) como sustitutos en el Whisky-a-go-go. Por casualidad, Tom Wilson, productor de MGM Records, estaba en la ciudad, en otro local de la misma calle, el Trip. Herb Cohen (el primer mánager de los Mothers) le invito a hacer una visita al Whisky, y entró cuando tocábamos el numero de BIG BOOGIE, el único que sabíamos, y en absoluto representativo del resto de nuestro material. Le gustó y nos ofreció un contrato, pensando que había contratado a la banda de bluseros blancos mas fea del sur de California, y un anticipo de 2500 dolares.

El coste medio de un LP en esos días era de 6 ó 8 mil dolares, y la mayoría de los álbumes eran las caras A y B del éxito del artista, mas siete u ocho canciones “de relleno”, lo suficiente para cumplir el requisito mínimo de quince minutos por cara del LP.

La otra norma de la industria era que la mayoría de los grupos en realidad no tocaban en el disco sino músicos de estudio: el ejemplo clásico eran los Monkees. En Freak Out tocamos todos nuestro temas, salvo algunos músicos para darle colorido orquestal.
Wilson estaba en la mesa de mezclas cuando empezamos la grabación del primer tema: Any Way The Wind Blows, seguido por Who Are The Brain Police?, y a través de la ventana veía a Wilson llamando a su jefe y probablemente diciéndole: Er…no son EXACTAMENTE una banda de blues, …. pero… algo así…

Freak Out fue un álbum doble, y todas las canciones eran sobre ALGO. No era como si hubiéramos construido el disco en torno a un éxito. Cada canción tenia su función en el concepto general satírico del disco. A medida que pasaban las sesiones, Wilson se iba entusiasmando con el disco y un día le dije: Quiero alquilar un equipo de percusion por valor de 500 dolares (de 1965) para una sesion que empezara el viernes a medianoche, y quiero traer a todos los tipos raros (freaks) de Sunset Boulevard al estudio para hacer ALGO ESPECIAL. Wilson aceptó. Conseguimos el equipo y a los freaks y grabamos lo que seria la cara cuarta del disco. Wilson había tomado ácido aquella noche y he intentado imaginar lo que debía pasar por su cabeza mientras salia esa mierda por los altavoces y diciéndole al ingeniero de sonido, que no estaba drogado, lo que debía hacer.

Para cuando Freak Out estuvo editado y preparado, Wilson llevaba gastados 25 o 30 mil dolares de la MGM, una cantidad ridícula en aquellos días, incluso para un disco doble, que creo que fue el primero de la historia. Entonces nos dijeron que no podíamos lanzar el disco, ya que los ejecutivos de la MGM se habian convencido que ningún Disc-Jockey emitiría un disco de un grupo llamado The Mothers – como si nos hubiéramos llamado El Gran Problema!. Insistieron que lo cambiáramos y de la necesidad surgió The Mothers Of Invention.

Los eslabones de la creación y la producción de un libro

 

The coalition’s attacks on the NHS will return us to the age of the workhouse

In 1926, Harry Leslie Smith’s sister died of TB in a workhouse infirmary, too poor for proper medical care. In 1948, the creation of the NHS put a stop to all that. In an extract from his new book, Harry’s Last Stand, he describes his despair at the coalition’s dismantling of the welfare state
Harry Leslie Smith: 'The ­creation of the NHS made us understand that we were our brother’s keeper.'
Harry Leslie Smith: ‘The ­creation of the NHS made us understand that we were our brother’s keeper.’ Photograph: Sarah Lee for the Guardian

Wednesday 4 June 2014 19.03 BST

A midwife with a penchant for gin delivered me into the arms of my exhausted mother on a cold, blustery day in February 1923. I slept that night in my new crib, a dresser drawer beside her bed, unaware of the troubles that surrounded me. Because my dad was a coal miner, we lived rough and ready in the hardscrabble Yorkshire town of Barnsley. Money and happiness didn’t come easily for the likes of us.

Considering the hunger, the turmoil and the squalor in Britain during the early years of the 20th century, it was miraculous that I lived to see my third birthday. That I survived colic, flu, infection, scrapes and bangs without the benefits of modern sanitation, hygiene or health care, I must give thanks to my sturdy peasant genes. As a baby, I was ignorant of the great sorrow that enveloped England and Europe like a damp, grey fog. The nation was still in mourning for her dead from the world’s first Great War. It had ended only five short years before my arrival. Nearly a million British soldiers had been killed in that conflict. It had begun in farce in 1914 and ended in bloody tragedy in 1918. In four years, that war killed more than 37 million men, women and children around the world.

Even when the guns across the battlefields were made dumb by peace, the killing didn’t stop. Death refused to take a holiday and a pestilence stormed across the globe. It was called the Spanish flu. The pandemic lasted until 1921 and erased 100 million people from the ledger book of the living.

Like most people in Barnsley, my family occupied a terraced house. They were built back-to-back and in a row of 10 units. There was little space, privacy or comfort for us or any of the other occupants. It was just a place to rest your head after spending 10 hours hacking coal from the side of a rock face hundreds of feet below ground. Three walls out of four were connected to another household.

Barnsley covered in snow, 1930.
Barnsley covered in snow, 1930. Photograph: Fox Photos

The floors were made of hard slate rock and were sparsely covered with old rags that had been hand-woven into coarse mats. The interior walls were comprised of wet limestone coated in a gruel-thin whitewash that never seemed to look clean.

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In summer our home was hot, in autumn damp, and in winter bitterly cold, while spring was as wet as autumn again. The house had no electricity and only the parlour and scullery possessed a gaslight fixture. After sunset, it sputtered and hissed a gloomy yellow light that illuminated our poverty. I shared a room with my older sister, Alberta. We slept together on a straw mattress that was host to many insects and reeked of time and other people’s piss. Its covering was made from a rough material that was as uncomfortable to me as the occasions when my father tickled my face with his moustache. Depending on the season, I slept in my undershirt or remained fully clothed. During the cold months, Alberta and I nestled together and shared our body heat to stave off the chilling frost beating against the windowpane. Our parlour had no furniture except a stool and an upright piano that had come as part of my dad’s legacy from his father. But it stood mute against the wall because the room was occupied by my infirm and dying eldest sister, Marion.

At the age of four she had contracted tuberculosis, which was a common disease among our class. Her ailment was caused because my parents were compelled to live in a disease-ridden mining slum at the end of the Great War. Eventually my parents were able to leave the slum but by then the damage had already been done to my sister’s health, and the TB spread into her spine. It left her a paraplegic with a hunchback. For the last 12 months of her life, Marion was totally dependent on my mother to be fed, bathed and clothed. In those days, there was no national health service; you either had the dosh to pay for your medicine or you did without. Your only hope for some medical care was the council poorhouse that accepted indigent patients.

Miners leasving a Yorkshire pit after an explosion, 1930.
Miners leaving a Yorkshire pit after an explosion, 1930. Photograph: Associated Newspapers/Rex

As a young lad, I was encouraged by my parents to spend time with my ailing sister. I think it was because they knew that she was dying and they wanted me to remember her for the rest of my life. I didn’t comprehend illness or death because I was only three, so I contented myself with playing near her sick bed. On some occasions, I told her nonsense stories, but my sister couldn’t respond to my kindness because the disease had destroyed her vocal cords.

Even though she was in extreme pain while the TB ate away at her spine and invaded her vital organs, she was silent. My sister always seemed to be looking past me with her large expressive eyes. Perhaps she was waiting for death, or perhaps she found the gaslight casting shadows on the opposite wall an appealing distraction from the monotony of the pain that consumed her 10-year-old body.

TB was known in the 19th century as the poet’s disease, but I saw no lyricism in the way it killed Marion. As the autumn days grew shorter in 1926, so did the time my sister had to live. Her last weeks were unbearable but she still fought death. She thrashed her arms about in defiance against the coming end to her life. My parents tried to calm her by stroking her hair or singing to her, but she wasn’t pacified. Instead, Marion wept silent tears and continued to struggle with so much ferocity that in the end my dad reluctantly restrained her to her bed with a rope.

My parents decided that there was nothing more that could be done for Marion in their care, so they arranged for her to be placed in our local workhouse infirmary. It was the last stop for many people who were too poor to pay for a doctor or proper hospital care. The workhouse in our community was a forbidding building that had been constructed during the age of Dickens. In the century before I was born it was used to imprison debtors, house orphans and provide primitive health care to the indigent. By the time Marion was sent there, it was no longer used as a prison. However, orphans, the sick and those with communicable diseases were still incarcerated behind its thick, towering black walls.

Spanish flu victims.
Spanish flu victims. Photograph: Everett Collection Inc/Alamy

On one of the last days in September my mother pawned her best dress and my father’s Sunday suit and hired a man with an old dray horse and cart to come to our house and collect Marion. When he arrived, my dad carried Marion outside and carefully placed her into the delivery carriage where my mother was waiting for her.

Alberta and I stood on the side of the street and waved goodbye to Marion. I asked my dad where my sister was going and he mournfully replied: “She’s going to a better place than here.” Afterwards, he put his arms around me and Alberta and we watched the horse-drawn carriage slowly plod down our road towards the workhouse infirmary.

That was the last time I saw my sister alive.

Marion died a month later in the arms of my mother. There was no wake, no funeral service and even much later there was no headstone erected to mark her brief passage in life. My family, like the rest of our community, was just too poor to afford the accoutrements of mourning. We relied on my dad’s minuscule salary just to keep us with a roof over our heads and dry in the perpetual hard luck rain of Yorkshire. Even my dead sister’s landau was quickly dispatched to the pawnbroker’s shop where it was swapped for a few coins to help feed her hungry living siblings.

My sister’s body was committed to a pauper’s pit and interned in an unmarked grave along with a dozen other forgotten victims of penury. My parents didn’t even have a picture to remember their daughter’s life. To the outside world, it was as if she was never there, but for our family her life and her end profoundly affected us. My father never mentioned Marion’s name again. It wasn’t out of callousness or disrespect, but because her death festered in his soul like a wound that never healed. For the rest of his life my dad carried with him an unwarranted guilt that he was responsible for Marion’s tuberculosis, and it cut him deep. As for my mother, she often talked about Marion. As my family stumbled from misery to calamity, through the pitch dark of the Great Depression, my mother invoked my dead sister’s name as a warning that the workhouse awaited each of us, unless the world and our circumstances changed.

It would be almost 20 years before, in 1948, the NHS was formed, and for the first time in my civilian life I went to a doctor’s surgery and was treated for bronchitis with antibiotics that assured me a speedy and safe recovery. The cost to me was nothing, and I was grateful because I was skint, having just started back in the civilian working world.

An NHS immunization van in the 50s.
An NHS immunization van in the 50s. Photograph: Popperfoto

As I convalesced, I was gobsmacked at the great consequences of free health care and the potential it offered to improve our society. It was a transformational shift in how we as a country viewed our fellow citizens. The creation of the NHS made us understand that we were in truth our brother’s keeper, and that taxation benefits everyone through maintaining not just our roads and sewers but the health of our children, workers and elderly.

To me, the introduction of free health care was the first brick laid on the road to the social welfare state. So it has always been difficult for me to listen to politicians, proud possessors of health insurance and shares in private health care companies, when they talk about how the health service that we fought so hard to build must change. The coalition government’s Health and Social Care Act will create a two-tier health care system. This act will see the NHS stripped down like a derelict house is by criminals for copper wiring.

Ukip has even proposed that A&E patients should have the right to buy their way to the front of the queue, while in Merseyside a private for-profit cancer clinic has set up shop under the NHS umbrella. Where will all of this end? What will be given the greatest priority in a new health care system that sends every service, from blood work to chemotherapy, out to the lowest bid tender?

It ends where I began my life – in a Britain that believed health care depended on your social status. So if you were rich and insured you received timely medical treatment, while the rest of the country got the drippings. One-fifth of the lords who voted in the controversial act – which provides a gateway to privatise our health care system – were found to have connections to private health care companies. If that doesn’t make you angry, nothing will.

Sometimes I try to think how I might explain to Marion how we built these beautiful structures in our society – which protected the poor, which kept them safe at work, healthy in their lives, supported them when they were down on their luck – only to watch them be destroyed within a few short generations. But I cannot find the words.

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Primera guerra mundial de la edición

La ley sobre el precio fijo de los libros hace casi imposible que llegue a España la guerra comercial entre Amazon y Hachette

El conflicto entre Amazon y Hachette podría convertirse en la primera guerra mundial del libro pero es muy difícil que llegue a España porque existe una muralla por ahora inexpugnable: el precio fijo. Todo el problema entre las dos multinacionales —esto no es un combate de David contra Goliat, sino de Goliat contra Goliat— gira en torno a quién pone el precio de un libro y a quién paga el descuento que se ofrece al consumidor. En teoría, el precio libre y los descuentos siempre favorecen al que compra algo pero, como escribe este lunes el analista de medios de The New York Times David Carr, “los libros son diferentes de los miles de productos que vende Amazon”. El ecosistema del libro es muy delicado y, ahora mismo, sería imposible que llegase a sobrevivir en España en una selva sin normas claras: muchas veces el descuento no lo paga el que vende el libro más barato, sino aquel que lo produce (desde el autor hasta el editor o distribuidor). Las grandes editoriales podrían tal vez sobrevivir a un conflicto de este tipo, las pequeñas de ninguna manera.

El mercado estadounidense, donde no existe precio fijo, es completamente diferente del español, el francés o el alemán. Uno de los efectos más claros de la fuerza que ha cobrado Amazon en dos décadas es que, poco a poco, ha ido comiendo el terreno de las librerías. Hace 15 años, cuando Internet balbuceaba, Nora Ephron contaba en Tienes un e-mail cómo las pequeñas librerías de barrio estaban siendo devoradas por las multinacionales tipo Barnes & Noble. Ahora mismo, son los Barnes & Noble los que están desapareciendo, devorados por otro gigante que ofrece todavía más ofertas. Con los e-books, la guerra de descuentos es todavía más encarnizada. En España existe un debate sobre si la ley del precio fijo afecta a los libros electrónicos, aunque de facto sí porque no se ha producido una guerra de descuentos: es el editor el que sigue fijando el precio.

La moraleja que se puede sacar de esta guerra es que la posibilidad de pagar menos no es la única forma de favorecer al consumidor porque el libro, de papel o digital, da igual, no es un producto más: es la forma en que se ha transmitido la cultura, el conocimiento y el placer desde que un bardo ciego decidió poner por escrito la historia de una guerra en Troya. Como dice un editor citado por David Carr, “si estuviésemos hablando del precio que Sony pone a las televisiones, nadie diría nada porque no tienen la carga emocional de los libros”. Por eso, la guerra entre Amazon y Hachette no es un conflicto comercial cualquiera: es una guerra emocional sobre el futuro de la transmisión de la cultura.

Lucha de titanes por el futuro del libro

La pelea entre Hachette y Amazon reabre el debate sobre los monopolios en la distribución cultural

Una empleada trabaja en el centro de distribución de Amazon en Phoenix. / Ralph Freso  (REUTERS)

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Ya la empleó en 2010, cuando Macmillan intentó cambiar las reglas del juego. Y todo indica que Amazon ha decidido volver a tirar de la conocida como “opción nuclear”. Ante la oposición de la más pequeña de las Cinco Grandes Editoriales de EE UU (Hachette Group Book, filial del grupo francés Hachette) a aceptar que Amazon aumente su margen de beneficios a su costa, el gigante del comercio online ha decidido suprimir el botón de “encargar por adelantado con un solo clic”. No solo eso. Además, ha impuesto en la venta de sus libros electrónicos plazos de entrega de “tres a cinco semanas”.

La traducción económica para Hachette —o cualquier gran editorial— del comportamiento abusivo de Amazon —considerado por la hoy juez del Tribunal Supremo de EE UU Sonia Sotomayor como un monopsonio, que a diferencia del monopolio se centra en lo que el vendedor compra y no en lo que vende— es catastrófica y obliga a la editorial de turno a planificar a ciegas. Cuando Amazon ofrece en su página a los futuros compradores la opción de encargar por adelantado, Hachette puede ajustar su tirada a la demanda prevista. Ahora está sin brújula.

El pulso entre Amazon y Hachette es todavía más enconado y las negociaciones económicas —de las que no ha trascendido prácticamente nada excepto que Amazon las ha aventurado largas— se hacen más urgentes si se tiene en cuenta que uno de los libros de Hachette afectados es el nuevo volumen de la superventas británica J. K. Rowling, The silkworm (El gusano de seda), que sale a la venta el próximo día 19, publicado bajo el seudónimo de Robert Galbraith.

Entre los títulos afectados por la disputa figura lo nuevo de Rowling

El objetivo final de Amazon es forzar la mano de Hachette para que le dé mejores términos económicos en la venta de sus libros electrónicos, mercado controlado en un 90% por la compañía fundada por Jeff Bezos en 1994. En el caso de Macmillan, la “opción nuclear” fue ejercida solo durante unos días, pero de haberse prolongado la situación, la editorial podría haberse arruinado.

Fuentes de la industria del libro aseguran que los editores normalmente dan a las librerías unos descuentos de entre el 47% y el 53% en ventas al por mayor para que estas puedan tener más margen de beneficio y atraer a más clientes. Sin comentarios por parte de Amazon ni de Hachette, lo que se sospecha es que la primera está exigiendo de la segunda descuentos aún mayores que esos.

La presidenta de la Asociación de Representantes de Autores (AAR, siglas en inglés), Gail Hochman, asegura que su grupo “deplora cualquier intento de cualquier parte que busque perjudicar y castigar a autores inocentes —y sus inocentes lectores— con el fin de ganar posiciones en una disputa de negocios”. “Creemos que tales acciones equivalen a tomar rehenes para conseguir concesiones y no tienen defensa”.

En opinión de Hochman, lo que está haciendo Amazon es “una táctica brutal y manipuladora que, irónicamente, proviene de una compañía que proclama que su objetivo es satisfacer totalmente las necesidades de lectura y deseos de sus clientes”.

La batalla que ahora libran a puerta cerrada Amazon y Hachette viene de lejos y se remonta a unos años atrás, cuando las Cinco Grandes (Harper Collins; Pearson; Simon & Schuster; Macmillan y Hachette) se aliaron entre ellas para hacer contratos de agencia o minoristas para comercializar libros electrónicos. El momento no fue elegido en vano, ya que coincidió con el lanzamiento por parte de Apple de su tienda iBooks. Entonces, Amazon aceptó las reglas que le impusieron sus contrincantes, lo que significó un aumento del precio que deseaban los editores y autores (la cuota de mercado de Amazon pasó del 90% a menos del 70% y los precios aumentaron cerca del 20%) y decidió centrarse en editar sus propios libros a un precio muy bajo. Tras claudicar le llegó el momento de la revancha y le pasó factura a Macmillan.

Editores de todo el mundo contemplan inquietos y sin casi información el desarrollo de la pelea, porque consideran que “todos son Hachette ahora”. En la reciente BookExpo America de Manhattan, fueron varios los autores que se quejaron de la actitud de la que es una de las más poderosas corporaciones de Estados Unidos. En su opinión, “Amazon quiere controlar la venta de libros, la compra e incluso la publicación, lo que puede convertirse en una tragedia nacional”.

 

http://www.theguardian.com/books/video/2014/may/12/stephen-fry-the-letter-that-saved-my-life-letters-live-video

Stephen Fry: the letter that saved my life – video

 

Source: Canongate

Monday 12 May 2014 12.45 BST

Stephen Fry explains how a few short words turned his life around as a troubled teenager, and imagines the fantasy letter he would send to Oscar Wilde to rescue him from the shame and despair that blighted his final years. The interview was filmed at Letters Live at the Southbank on World Book Night, in aid of The Reading Agency

• Caitlin Moran’s letter to the future

• Russell Brand on the alchemy of letter writing
More from Letters Live
Desde el Departamento de Comercialización e Investigación  de 
Mercados de la Universidad de Valencia estamos organizando la 43 
Conferencia Anual EMAC2014 (http://www.emac2014.eu/). Se trata de uno 
de los mayores congresos de carácter académico y profesional 
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Tarongers, es una excelente oportunidad para implicar a los alumnos 
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correctamente con las personas que  acudirán al Congreso, 
es un muy buena oportunidad para practicar con los idiomas. También 
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al 6 de junio de 2014. Y haber superado, al menos, el 50% de los 
créditos de la carrera.
La colaboración se realizará como prácticas voluntarias remuneradas, 
unos 120€, a través de ADEIT.

Si estás interesado en colaborar, o necesitas más información, ponte 
en contacto conmigo en el correo electrónico pedro.canales@uv.es
Gracias por vuestra colaboración.


Thursday May 08.5. práctica 10

10 Susan H. Delagrange. – Wunderkammer, Cornell and the Visual Canon Arrangement ( A )

published at: http://kairos.technorhetoric.net/13.2/topoi/delagrange/index.html

(Trascripción incomplete e incorrecta de tan solo la parte textual, mediante el método de copy/paste.)

 

Introduction:

 

My work with digital media focuses on the complementary areas of embodied digital representation and the canon of arrangement refigured as techné, as a productive art of arranging (bodies of) evidence to discover ethical bases for action. For me, designing constructive digital media is a process of mapping and remapping our physical and conceptual worlds in order to determine their meaning.

 

I’m convinced of the importance of making as an epistemological act, the importance of visual and other kinds of evidence as necessary to a full and fruitful epistemic space, and the necessity of embodiment as an ethical condition of the making and the made. Given these essentials, it is important that those of us who work with new media in our teaching and research must represent ourselves and our work with new media in new media. This project is a step in that direction.

 

Productive arts, or techné (Aristotle included medicine, architecture, and rhetoric as examples), occupy a middle ground between theory and practice, one that incorporates both abstract and applied knowledge. Rhetoric as techné has four implications: first, it is heuristic, a process of making, and thinking, and re-making, through which meaning and knowledge are made; second, it is situated, specific to the embodied and material conditions of a particular time and place; third, it is mobile and strategic, adaptable to changing circumstances and new challenges; and fourth, it is ethical, founded in specific beliefs and values (which may or may not be those of the community at large).

 

The flexible, embodied concept of techné seems particularly appropriate to apply to interactive digital media, electronic spaces where we can see and hear, manipulate and learn from the material evidence that is at the heart of rhetorical inquiry.

 

So this project is about making—making media, making sense, making theory to explain and be explained by our making. To date our pedagogical performances have been defined primarily by how we behave in the classroom and by our textual performances in journals and books. Interactive digital media open up new opportunities to “perform” our pedagogy as a productive, rhetorically rich art, and to compose texts and make meaning that are not possible in traditional print.

 

 

It is the incommensurability of image and word, screen and page, that requires us to make a strong case for professional recognition of our performances in new media, performative making that answers Donna Haraway’s call not only “for pleasure in the confusion of boundaries” between human and digital, mind and body, reason and emotion, personal and political, but also “for respon-sibility in their construction” (1991, p. 150).

 

I focus in what follows on the canon of arrangement as a visual techné. Multimedia technologies—computers, digital cameras, audio recorders—can be used to design pedagogical performances which embody theory, which articulate visual arrangement as embodied practice. We can engage with these artifacts and the social technologies in which they are embedded through the practice of what we might call “critical wonder”: a process through which digital media designers can thoughtfully and imaginatively arrange evidence and articulate links in a critical practice of embodied discovery.

 

These “small pieces loosely joined” (Weinberger) become associative knowledge-building spaces whose history we can trace from 16th-century Wunderkammern, through 18th-century parlor practices, to Joseph Cornell, Marcel Duchamp and interactive multimediated environments designed with Dreamweaver, iMovie, and Flash.

 

Much of my current digital media work with undergraduates at Ohio State involves using the techné of visual arrangement described here as a heuristic to shape nuanced proposals for the use of urban space. The “Praxis” section of this article describes that work in more detail. The intervening sections develop a rationale for this pedagogy.

 

In “Wunderkammer,” I argue that these 16th-century cabinets of wonder are models of visual provocation in which objects were manipulated and arranged in order to discover new meanings in their relationships. “Visual Analogy” expands the concept of arrangement as heuristic, because analogy is a trope that lends itself particularly well to the discovery of unexpected affinities in the juxtaposition of seemingly disparate objects (and ideas). “Joseph Cornell” explores the mobile assem-blages of 20th-century artist and bricoleur Joseph Cornell, whose refined use of repetition and small variation predicts the epistemic possibilities of 21st-century interactive digital media.

 

One way to read this project is lexia by lexia in the order in which they are arranged in the navigation bar. Yet its argument, that re-arrangement produces new meanings and new knowledge, suggests other paths.  Choose.

 

Wunderkammer

Cabinets

Until the end of the 18th century, wonder was defined as “a form of learning—an inter-mediate, highly particular state akin to a sort of suspension of the mind between ignorance and enlightenment that marks the end of unknowing and the beginning of knowing” (Lugli, 1986, p. 123). Wunderkammern, enthusiastic collections of natural and man-made objects, are endlessly evocative of wonder. They speak to us of a sustained passion for imaginative discovery. They conjure up both broad obsession and meticulous attention to detail. In the 16th and 17th centuries, entire rooms and palaces were given over to the collecting, cataloguing, and display of natural, artificial, and scientific wonders. Exquisite examples were also constructed on a smaller scale. Self-contained cabinets of curiosities were no less com-pelling: small cupboards with doors and drawers and secret compartments filled with more diminutive delights.  In fact, scale is one of the characteristics by which wonder is measured. Gigantic objects like skeletons of wooly mammoths and miniature accom-plishments like portraits of Napoleon painted on grains of rice are equally evocative of wonder.

 

Creative taxonomies were constructed from the arrangement and re-arrangement of the naturalia, artificialia, and scientifica collected in Wunderkammern; but it was the scientifica—scientific instruments—that were the most epistemically mobile. While associative interpretations of natural and man-made wonders led to significant intellectual projects like Linnaeus’s classification system, the scientific apparati housed in Wunder-kammern served not only as fascinations in themselves, but also as the means to examine and explore other objects.

 

Manipulating

Tools for measuring, weighing, balancing, lifting, cutting, crushing, and joining were all both display and device for experimentation, but of most interest here are optical devices such as telescopes, microscopes, and distorting lenses for magnifying, mirroring, multiplying, and otherwise manipulating the visibility and appearance of the objects on display. These devices served as the articulating link, the connection between macrocosm and microcosm, that constructed and transformed simple resemblance into generous understandings of the relationships of the cosmos.

 

Many of the early “revealing technologies” (Stafford, 2001, p. 1) available to scientist and dilettante alike afforded the kinds of manip-ulations and arrangements made possible today with digital media. Mirrors and water globes provided additional illumination in often dim interiors. Convex and concave mirrors, lenses, and entire catoptric chambers appeared in many Wunderkammern and served to “enlarge, diminish, and distort the world” (Terpak, 2001,  p. 256). Magnifiers, spectacles, telescopes, and microscopes made previously imperceptible detail visible to the naked eye.

 

Natural Magic

Multiplying lenses, although often marketed as amusements, had the effect of making many figures of one, or one of many. If, rather than thinking of such objects as toys, we instead considered their potential as tools of discovery, we might notice that they function to create visual synecdoches. What we see depends on what we think we are looking at. As Hankins and Silverman have said:

An instrument of natural magic may

appear as a philosophical instrument,

as an instrument of entertainment, or

as a practical “invention” in a new

guise.  To understand actual scientific

practice, we have to understand

instruments, not only how they are

constructed, but also how they are

used and, more important, how they

are regarded.

(cited in Terpak, 2001, p. 184)

 

Like the scientifica in Wunderkammern, digital media are “practical inventions” that we may use to multiply, magnify, mirror and otherwise manipulate images and collections of images; and at the same time they are also “philo-sophical instruments” which give us insight into the objects and concepts we are exploring.

 

Reflection/Refraction

Many of these scientific devices were deliberately employed for their optical effects, yet there were other opportunities for unexpected discoveries while exploring a Wunderkammer. We should not overlook serendipitous visual juxtaposition and association that may take place through accidental reflection or refraction from the myriad surfaces of display cases, boxes, bottles, apothecaries, and the objects themselves. Indeed, the British painter Francis Bacon (1909-92) hoped to take advantage of this effect; he deliberately framed his thickly impastoed portraits behind glass in order that viewers might find their own faces super-imposed on his paintings, just as the creators of and visitors to Wunderkammern found themselves reflected in the displays. And today we too find our selves juxtaposed through reflection with the images on our computer screens.

 

Objects-to-think-with

The concept of the Wunderkammer and the accumulative, manipulative approach to learning it exemplifies makes it a productive thought engine, an object-to-think-with (Turkle, 1995, pp. 47-49) about how to incorporate both the visual nature and interactive qualities of digital media as technologies with which to frame a new rhetorical practice of inquiry and discovery.

 

Objects-to-think-with are tangible things or places that enable us to reflect concretely on abstract concepts and relationships. Jacques Lacan wrote that tying intricate knots in pieces of string led him to his speculations on the nature of the unconscious, a literal entanglement of theory and practice. In a similar fashion, many people find Freud’s references to dreams and slips of the tongue to be fruitful objects-to-think-with about how the mind works, despite the fact that Freud himself considered them relatively unimportant.

 

Mental/Physical

The Wunderkammer is an object-to-think-with that constructs an uncanny bridge between the mental and physical; it engenders wonder, a productive aporia between not-knowing and knowing. Interactive digital media-as-Wunderkammmer provide new objects-to-think-with about our slippery, provisional, fragmentary understanding of the world, a framework for exploration and discovery of how its seemingly disparate and disconnected pieces can be joined and made sensible, and thereby help us learn how to act.

 

Constructing digital Wunderkammer thus becomes an embodied pedagogical perfor-mance, a strong model for a postmodern understanding of multiple perspectives and subjectivities. Through multi-linear, multi-modal visual arrangement and manipulation, they shape a path to rhetorical action through a technology of wonder.

 

Combinatorial practices

Theodor Nelson (1974) argued that we might consider multilinearity to be the general case for arrangement, and Cartesian linearity as a special instance of the general case; so too we might speculate that associative, analo-gical thinking demonstrated in the Wunder-kammer is the general case for human cognition, represented in the combinatorial practices of early modern thought, however incompletely understood at the time, and in the evolving contemporary models of the workings of the embodied brain.

 

And in the same way that Cartesian linearity is a special instance of multi-linearity, compu-tational models of cognition might also be only a special and limited instance of how the brain works to make meaning and to derive rhetor-ical bases for action and belief. Furthermore, while we may be attuned to thinking of association and analogy in verbal terms, they are also deeply and fundamentally visual.

 

Visual Analogy

Analogical Manipulation

The making of knowledge through arrangement and visual analogy in a Wunderkammer is a process of analogical manipulation that is deeply rhetorical. Each arrangement of objects creates new taxonomies—based on materials, or seasons, or humors, or the four elements, or even size—that carry with them unique ways of seeing and understanding the world. Designing these arrangements calls for visual tropes that connect in a material way habits of mind required to engage with the verbal rhetorical devices of metaphor, metonymy, synecdoche, hyperbole, anti-stasis, and catachresis (Burbules, 1998).  Discovering the analogical properties of visual arrangements has the effect of “putting the visible into relationship with the invisible and manifesting the effect of that momentary unison” (Stafford, 1999, p. 23-24). And because it focuses on affinity rather than on difference, it is more likely to produce rhetorical effects that are collaborative and communal.

 

Metaphor, metonymy and synecdoche

Visual metaphor, metonymy and synecdoche are practices that reveal in various ways similarities-in-difference, the critical linkages that Stafford identifies as the foundation for ethical action. Metaphor draws upon the participatory aspect of analogy, that if two things are similar in some ways, then it is likely that they will be similar in others, an insight that is critical to the formation of community.

 

Metonymy and synecdoche are also participatory analogies, identifying affinity-through-juxtaposition and affinity as part of a whole. As with verbal tropes, the meaning of a visual analogy is not necessarily immediate or obvious, nor will it be identical for every viewer. The role of visual juxtaposition and manipulation is to provide an opportunity for the discovery of affinities, but chance, of course, favors the prepared; we must be looking in order to see.

 

Hyperbole/Antistasis

Metaphor, metonymy and synecdoche rely on visual arrangement and rearrangement as means of discovery. Hyperbole, antistasis, and the “vicious” trope catachresis require active visual manipulation for their effects; they bring into play the proportional aspect of analogy, which relies on ratios or degrees of difference that, as Stafford notes, first require a recognition of resemblance.

 

Burbules argues that it is difficult to think of hyperbole as a trope on the Web because the entire Web is hyperbolic, always claiming a comprehensiveness and reach that it cannot fulfill. However hyperbole, through visual exaggeration or magnification that often focuses on scale and number, works to reveal subtleties that may have been overlooked, while at the same time its attempt to “fill our vision” throws what is not present there into even higher relief.

 

Antistasis, because it relies on difference in context to reveal both gaps and affinities, is both participatory and proportional. Moving among visual contexts and groupings, and manipulating scale and other effects within a single context, use both reflection and repetition to provoke insight.

 

Catachresis

Finally, catachresis, the (apparent) misuse of words and images, is perhaps the most fertile source of wonder of all, for it depends on the “Aha!” moment when two words, two objects that appear totally unrelated, absolutely irreconcilable with one another, are, through artful juxtaposition and visual distortion,

suddenly joined. Burbules (1998) says this is the essence of the hyperlink:

Any two things can be linked, even

a raven and a writing desk, and with

that link, a process of semic movement

begins instantaneously; the connec-

tion becomes part of a public space,

a community of discourse, which,

as others find and follow that link,

creates a new avenue of association

—beginning tropically or ironically,

perhaps, but gradually taking on

its own path of development and

normalization. (p. 116)

 

The physical mobility of objects in a Wunderkammer, and the cognitive mobility that the process of analogical visual troping implies, both foster associative habits of mind that can be equally well employed in the construction and manipulation of digital media designed as technologies of wonder and discovery.

Homologies/Affinities

Analogy, like consciousness, is an embodied practice. Stafford associates visual analogy with somatic cognition, but points out that this embodiment of thought is based upon a simultaneously very old and very current view of the thinking process as combinatorial. This connection links the two ages of wonder/ analogy: the time of the Wunderkammer and the time of the computer. During the period in between (from the Enlightenment to the recent present of the Modern), an abstract, compu-tational model of the brain pertained that is only now being challenged by biologists, neurologists, linguists, and other cognitive theorists.

 

The difference, says Stafford, is difference. Whereas the computational brain was purpor-ted to work through the identification of minute and perseverating difference, the combinatorial brain works through homologies and affinities, through subtle and supple similarities-in-difference, a feminist-inflected affirmation facilitated by “revealing technologies.”

 

Learning Play

Interestingly, when we look at the early use of such technologies as microscopes, magnifying globes, and refracting lenses, we do not find the hard distinctions made today between scientific and personal exploration, or between demonstrations mounted for instruction and for amusement. Learning and play did not seem such different tasks. Today the line has been drawn so brightly that many scholars in the humanities argue over the merits of popular culture and media studies as legit-imate fields of study, and look suspiciously on researchers who spend all their time “playing” with computers.

 

Computers, software, and the social technol-ogies in which they are embedded are contem-porary devices of wonder. Like scientifica in a Wunderkammer, they are both the means for examining, displaying, manipulating, and understanding other artifacts, and themselves objects of fascination. New media can be designed as technologies of wonder to create epistemically active digital Wunderkammern, spaces where we can accumulate available visual and verbal evidence, both directly pertinent and peripherally interesting, in digital format.

 

Their rhetorical effect will accrue from the rational use of historical and quantifiable information; the ethical use of an invitational structure that allows viewers to add their own interpretations, comments and stories; and the empathetic use of images, voices, and embodied narratives.

 

Embodied Argument

One of the enduring critiques of the use of images in academic discourse is that images are inherently manipulative, that like Rose’s landscapes or Berger’s nudes, they elicit both desire for the object and fear of contam-ination by it.

 

It seems to be the particularity of bodies of evidence that raises fears about affective and emotional argument. For example, logocentric proofs that dispassionately recite statistics on the effects of mercury in industrial run-off or that detail the numbers of single parents who are college students are considered to be acceptable forms of academic evidence; but graphic photographs of fish kills, or representative video clips of a student-mother’s day, are often thought cunning and inappropriate.

 

This logo-centric bias foregrounds the need for the intellectual work of rhetoric and composition to theorize pathos as partner of rather than subordinate to logos, re-embodying rhetoric and rhetorical theory as materially embodied and political work. Embodied visual argument thus becomes the critical link between emotional and rational appeals in a “tight braid of affect and judgment” (Worsham, 2002, p. 105) necessary to ethical action. Digital media offer a venue for just such combinatorial practices.

 

Berger, John. (1972). Ways of seeing. New York: Viking.

 

Burbules, Nicholas C. (1998). Rhetorics of the web: Hyperreading and critical literacy. In Ilana Snyder (Ed.), Page to screen: Taking literacy into the electronic age (pp. 102-22). New York: Routledge.

 

Haraway, Donna. (1991). Simians, cyborgs, and women: The reinvention of nature. New York: Routledge.

 

Hartigan, Linda Roscoe. (2003). Joseph Cornell’s dance with duality. In Hartigan, Linda Roscoe, Walter Hopps, Richard Vine, & Robert Lehrman (Eds.), Joseph Cornell: Shadowplay…eterniday (pp. 11-34). New York: Thames & Hudson.

 

Hopps, Walter. (2003). Commentary. In Hartigan, Linda Roscoe, Walter Hopps, Richard Vine, & Robert Lehrman (Eds.), Joseph Cornell: Shadowplay…eterniday. New York: Thames & Hudson.

 

Imreh, Gabriela, & Crawford, Mary. (2002). In the words of the masters. In Chaffin, Roger, Gabriela Imreh, Mary Crawford, & Johann Sebastian Bach (Eds.), Practicing perfection (pp. 26-65). Mahwah, NJ: Erlbaum.

 

Janangelo, Joseph. (1998). Joseph Cornell and the artistry of composing persuasive hypertexts. CCC, 49(1), 24-43.

 

Joyce, Michael. (1998). New stories for new readers: Contour, coherence and constructive hypertext. In Ilana Snyder (Ed.), Page to screen: Taking literacy into the electronic age (pp. 163-82). New York: Routledge.

 

Lugli, Adalgis. (1986). Inquiry as collection: The Athanasius Kircher Museum in Rome.Res, 12, 109-124.

 

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http://elpais.com/tag/william_shakespeare/a/

Teatro, danza y exposiciones en honor al Bardo

Stratford-upon-Avon, la localidad natal del dramaturgo, encabeza el ramillete de festejos y celebraciones que se extenderán por el territorio nacional y el resto del mundo

La Royal Shakespeare Company, en Stratford- upon- Avon.

William Shakespeare llegó al mundo un 23 de abril de 1564, o quizá no, porque el único registro que consta es el de su bautizo tres días más tarde. Pero esa es la fecha que marca la convención para conmemorar el nacimiento del genio inglés de la dramaturgia y, especialmente en su 450 aniversario, para hacerlo por todo lo alto. Stratford-upon-Avon, la localidad natal del Bardo, encabeza el ramillete de festejos y celebraciones que se extenderán por el territorio nacional —y el resto del mundo— en torno a la efeméride, y que tiene otro de sus epicentros en ese Londres conquistado en tiempos isabelinos por la fuerza de sus obras.

Fiesta mayor en Stratford-upon-Avon

Tal y como manda una tradición establecida en 1824, este pueblo a orillas del río Avon prepara para el sábado que sucede al día de San Jorge (26 de abril) una gran procesión en honor de su hijo más ilustre y que incluirá un pastel de cumpleaños de 3 metros de altura transportado por un carruaje de caballos. En esta edición especial se espera que miles de turistas sigan el recorrido del desfile hasta su culminación en la iglesia de la Santa Trinidad donde está enterrado Shakespeare. Toda suerte de espectáculos callejeros, de música o de lectura de fragmentos de una obra universal inundará a lo largo del fin de semana las coquetas calles de Stratford, con sus casitas blancas y entramados de madera, como la propia morada del Bardo, las de sus familiares y el cottage de su esposa Anne Hathaway que pueden visitarse.

El grueso de la celebración se desplaza del 23 de abril porque es jornada laboral, pero ese mismo día y una vez concluida su representación vespertina de Enrique IV, La Royal Shakespeare Company organizará en el exterior de su sede unos espectaculares fuegos artificiales para marcar el aniversario. Durante el fin de semana la compañía quiere implicar al público en diversidad de actividades, desde paseos en barca por el río amenizadas con la lectura de sonetos, talleres de teatros abiertos a todas las edades o la invitación a visitar sus dos teatros (el Royal Shakespeare y el Swan) y la torre del primero, que con sus 36 metros de altura ofrecerá la mejor panorámica de una localidad en fiesta grande.

El Globe de Shakespeare abre sus puertas a todos

El Globe, una réplica del teatro donde Shakespeare estrenó sus grandes obras en el sur de Londres, adelanta la celebración del aniversario al lunes de Pascua (21 de abril, festivo en el Reino Unido) con una jornada de puertas abiertas y acceso gratuito. Actividades de entretenimiento para toda la familia, juegos de magia y la interpretación de retazos de las obras del Bardo, a cargo de la compañía The School of Night que responderá de forma improvisada a las ideas sugeridas por la audiencia, conforman el programa. La taquilla también se ha sumado al festejo, ofreciendo a lo largo de todo el mes de abril entradas en el yard (donde el público asiste a la función de pie frente al escenario) a razón de 450 peniques, en lugar de las habituales 5 libras. Dos días más tarde, la compañía del Globe emprenderá una ambiciosa gira mundial de dos años para llevar su producción de Hamlet a 205 países.

El Rey Lear de Sam Mendes

Adaptaciones de todo signo de la obra de Shakespeare se suceden cada temporada en la cartelera londinense, y esta primavera tienen su plato fuerte en la tragedia del Rey Lear que dirige el oscarizado Sam Mendes en el National Theatre. El gran Simon Russell Beale encarna la locura de ese monarca que decide dividir el reino entre sus tres hijas, en un papel que los actores shakespirianos consideran el pico de toda una carrera. Las funciones bajarán el telón en julio, casi coincidiendo con el estreno unos días más tarde de la traslación a las tablas de la película Shakespeare Enamorado en el teatro Noël Coward. Basada en el guión cinematográfico de Tom Stoppard, la pieza imagina la juventud del Bardo en busca de una musa que le devuelva la inspiración.

Shakespeare, sin palabras

Siguiendo la larga tradición de ballets inspirados en los trabajos de Shakespeare, el Royal Ballet ha estrenado en su sede londinense de Covent Garden una coreografía de esa historia de amor, pérdida y reconciliación que es El Cuento de Invierno. Ideada por Christopher Wheeldon y con música de Joby Talbot, esta propuesta que permanecerá en cartel hasta el 8 de mayo busca recrear con el movimiento de los bailarines las emociones que destila la intrincada trama.

El tesoro del museo

El museo londinense Victoria & Albert explora en una exposición cómo la producción de Shakespeare ha inspirado las interpretaciones teatrales a lo largo de los siglos y por todo el mundo. La instalación multimedia en la que se proyectan entrevistas con figuras destacadas de las tablas viene acompañada por el despliegue de utilería, bocetos y trajes de producciones que marcaron época, como la calavera utilizada por Sarah Bernhardt en su encarnación de Hamlet. En el centro de la muestra destaca una edición de las grandes obras del Bardo publicada en 1623 y que en muchos casos contiene su primera versión conocida. Sin ese tesoro, no hubieran llegado a nuestros días Macbeth, La Tempestad y Noche de Reyes.

Samuel Beckett story to be published 80 years after it was rejected

Nobel laureate was told by publisher that ‘people will shudder and be puzzled and confused’ by reading Echo’s Bones
Samuel Beckett

Samuel Beckett wrote to a friend in 1933 that the rejection of Echo’s Bones by his publisher ‘discouraged me profoundly’. Photograph: Louis Monier/Gamma-Rapho via Getty Images

A previously unpublished story by Samuel Beckett will go on sale in bookshops for the first time, 80 years after his publisher rejected it as a nightmare read that gave him “the jim-jams”.

The enigmatic story, entitled Echo’s Bones, was originally commissioned as a final story for More Pricks Than Kicks, his collection of inter-related stories published in 1934. But his publisher at the time, Charles Prentice at Chatto & Windus, turned down the tale for being far too difficult and strange. Prentice broke the news to Beckett in a blunt letter: “It is a nightmare … It gives me the jim-jams … Echo’s Bones would, I am sure, lose the book a great many readers. People will shudder and be puzzled and confused; and they won’t be keen on analysing the shudder.” He added: “I hate having to say this.”

The 13,500-word story was held back from inclusion in the published volume and has since remained hidden in American archives, receiving scant attention from Beckett scholars. Its publication by Faber & Faber on 17 April will be a major event for fans of the Irish writer and author ofWaiting for Godot, who died in 1989. Beckett won the Nobel prize for literature in 1969 and inspired other literary giants such as Harold Pinter.

The new volume is edited by Dr Mark Nixon, reader in modern literature at the University of Reading, where he is also director of the Beckett International Foundation. He is president of the Samuel Beckett Society and has published widely on Beckett’s work. Nixon writes in the introduction: “The literary merit of Echo’s Bones is evident; moreover, it is a vital document.”

Prentice was a hard publisher to please. In 1932 he also turned down Beckett’s first substantial piece of fiction, the novel Dream of Fair to Middling Women, as “a strange thing”, although he later admitted that was “perhaps a mistake”. The problem, he felt, was that “we didn’t understand half of it”. It appeared posthumously in 1992.

When Prentice received the manuscript for More Pricks Than Kicks in September 1933, he asked Beckett to expand it by adding another story: “Another 10,000 words, or even 5,000 for that matter, would, I am certain, help the book.” But having rejected Echo’s Bones, he published the collection a few months later with 10 rather than 11 stories.

The rejected story features the protagonist of the ninth story, Yellow. In Yellow, the central character, Belacqua, dies after surgery in hospital. In Echo’s Bones, Belacqua is faced with an afterlife.

In December 1933, Beckett wrote to a friend that the rejection of a story “into which I put all I knew and plenty that I was better still aware of, discouraged me profoundly”.

Nixon believes that the failure of the story prompted Beckett to write a poem of the same name, and to use the title again for his first collection of poems, Echo’s Bones and Other Precipitates, published in 1935.

He writes in the introduction that, on first reading Echo’s Bones, one cannot help but sympathise with Prentice’s decision, for it is “a difficult, at times obscure, story”, adding: “But if the story is rather wild and undisciplined, it is also quite brilliantly so … Echo’s Bones is, without doubt, more densely allusive, more Joycean, than any of Beckett’s other early writings; both on a verbal and a structural level, it harnesses a range of materials, from science and philosophy to religion and literature … Blending fairy tales, gothic dreams and classical myth, Echo’s Bones is in parts a fantastical story replete with giants, tree-houses, mandrakes, ostriches and mushrooms, drawing on a tradition of folklore as popularised by WB Yeats and the Brothers Grimm.”

Asked why it has taken so long for the story to be published, Nixon told the Observer: “During his lifetime, Beckett was rather negative about most of his works dating from the 1930s, and was reluctant to allow texts published in that decade to be republished … We would not bepublishing this text had it simply been abandoned during the writing process. Beckett clearly wanted it to be published, which is why he wrote it and submitted it to Chatto, at their behest.”

Edward Beckett, the writer’s nephew and executor, told the Observer: “This is a very important text. It’s good that it is available at long last.”

News of the publication follows last week’s announcement that Juliet Stevenson will return to the Young Vic in 2015 as Winnie in Beckett’s existential masterpiece, Happy Days. The acclaimed production sold out its first run earlier this year.

ECHO’S BONES

An extract from Beckett’s ‘lost’ story.

 

The dead die hard, they are trespassers on the beyond, they must take the place as they find it, the shafts and manholes back into the muck, till such time as the lord of the manor incurs through his long acquiescence a duty of care in respect of them.

 

Reproduced by kind permission of the estate of Samuel Beckett

Finnegans Wake – in pictures

John Vernon Lord

Wednesday 26 March 2014 11.36 GMT

A new illustrated edition of Finnegans Wake, as imagined by artist John Vernon Lord for the Folio Society, matches James Joyce’s extravagant word games with elaborately collaged pictures, shedding a brilliant new light on Irish literature’s ‘book of the dark’. Here, Lord explains the thinking behind the images• The first Guardian review of Finnegans Wake
Buy the Folio Society edition of Finnegans Wake

Para TODOS los estudiantes matriculados en mis asignaturas:
quien NO quiera hacer los tests, los papers, ni asistir a clase, ni hacer presentaciones en clase ya desde el principio de curso he ofrecido la opción de hacer el EXAMEN FINAL que consiste en:

EL EXAMEN FINAL

El examen consta de 2 partes: una parte teórica y otra práctica (duración 4 horas).
1) Teoría: desarrollaréis (en forma de ensayo crítico, máximo 2 folios por ambas caras) 
UNO de los dos o tres temas que os propondré mediante un pequeño fragmento extraído
de entre los 14 textos (que iban para los tests) y que podéis encontrar
on-line en el blog de la asignatura, o podéis adquirir las copias impresas que
están disponibles en la fotocopiadora de la Facultat.
2) Práctica: desarrollaréis en forma de ensayo crítico UNO de los dos o tres
fragmentos (mediante un análisis del texto completo y no sólo del
fragmento) entre los textos de la asignatura que podéis encontrar
on-line en este blog y que hemos comentado en clase.

salut
Dr. Forés

P.S: Obviamente, los que optáis por la evaluación continua no necesitáis hacer el Examen Final.

una nueva resistencia

¿ Qué es WebDocumentary?

En un momento en el que todo parece desvanecerse, en el que las antiguas reglas del juego han dejado de funcionar y nos encontramos sumergidos en una crisis sistémica que parece no tener fin, un cambio en los paradigmas comunicativos se presenta como totalmente necesario. La aparición de Internet ha transformado totalmente la forma de comunicarse. El correo electrónico, las redes sociales o el whatsapp han sustituido las cartas, las postales o las llamadas telefónicas con el teléfono fijo, objeto que ha pasado a ser un elemento decorativo en este mundo siempre conectado.

Esta utilización masiva de las nuevas tecnologías deja sin embargo al descubierto nuestras comunicaciones. Bajo una falsa sensación de privacidad, todas nuestras conversaciones quedan clasificadas en esa nube virtual que no sabemos muy bien que es. El documental Términos y Condiciones de uso [ http://www.youtube.com/watch?v=bIIFPLiMz9o] , pone al descubierto como todos los movimientos que realizamos en la red quedan registrados y se utilizan tanto por los gobiernos (en el caso del documental es el gobierno americano) como por las empresas que acaban sabiendo nuestras necesidades antes que nosotros mismos.

¿Qué buscamos cuando nos acercamos a internet?

Lo primero es la comunicación rápida, estar conectados con nuestro entorno en todo momento y en cualquier lugar del mundo. Lo segundo es la información y prueba de ello es el auge de plataformas como Wikipedia, que a día de hoy cuenta con 1.062.835 en español y 4.398.191 en su versión inglesa. Nosotros nos vamos a quedar con esta segunda necesidad de los internautas , la de la búsqueda de información, y pretendemos servir de filtro, de organizadores y de punto de referencia de una fuente de información que consideramos que merece una especial atención: los Webdocs, i-docs o Documentales interactivos.

Poco a poco iremos descubriendo que son los webdocs, cómo surgen, analizaremos su estructura, su forma de narrar. Nos adentraremos en los orígenes y en la actualidad que gira en torno a este género; festivales, congresos y publicaciones.

Para nosotros los Webdocs son una forma de explorar la realidad. Este mundo que parece único, estandarizado, homogéneo, en realidad está integrado por muchos fragmentos algunos de los cuales se consideran desechos, basura a la que no hay que mirar y que desaparece de la mirada hegemónica porque nadie enfoca ahí. Nosotros nos vamos a quedar con esos desechos de la realidad y los vamos a poner a la vista de todos y nuestra herramienta van a ser los webdocs. Estos desechos que parecen ser invisibles, para nosotros son pequeños focos de resistencia que llevan a la reflexión. La utilización de las nuevas tecnologías como forma de documentar la realidad y de hacer al espectador parte de este proceso ha llevado a la creación de los webdocs, una nueva forma de resistencia política que esperamos sirva de preámbulo para la acción.

Emprendemos hoy este camino en busca de estos Desechos de Realidad.

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Plagiarism

Plagiarism – Saturday Night Live 6:07 min.

 

Como estamos en fiestas me imagino que os alegrará ver este sketch tan divertido de SNL.

 

salut

vicente

 

Leer ‘El señor de las moscas’

Por: Virginia Collera | 11 de marzo de 2014

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Leí El señor de las moscas en el internado cuando tenía trece años en una edición especialmente reforzada -sin ironía ni, probablemente, demasiado éxito- contra el salvajismo cotidiano de los colegiales. Los ejemplares nuevos de estreno se repartieron en clase una tarde de verano. Las cubiertas de cartón de doble grosor eran de un dorado intenso, que nos llegó a parecer el color de la arena de una isla desierta y del apellido del autor. Era el tipo de libro que crujía la primera vez que se abría, y la cola de la encuadernación despedía un olor ligeramente fecal, que pronto asociamos a chicos atiborrados de frutas tropicales a los que les había entrado un apretón en la playa.

 

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El texto era sorprendentemente claro, en armonía con las aguas límpidas de la laguna. Algo me habría llegado de la fama de la novela porque ya sabía que era un libro serio, escrito por un adulto para que otros adultos le prestaran toda la atención. En esa época ardía en deseos de entrar en el mundo de los libros de verdad. Empecé la primera página con avidez y leí demasiado rápido porque me quedó la idea de un chico con una cicatriz enorme y un pájaro capaz de hablar.

 

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Empecé de nuevo, esta vez más despacio, y me inicié, aunque entonces no podía saberlo, en el proceso mediante el cual los escritores le enseñan a uno a leer. No todas las cicatrices las llevan las personas, esa estaba en el entramado de la jungla. Y el chillido de un ave podía encontrar eco en el chillido de un niño y por lo tanto parecerse a él.

 

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Dos descubrimientos relacionados me proporcionaron un placer inmediato. El primero fue que, en un libro de adultos como este, los adultos y todas sus preocupaciones grises e impenetrables no eran importantes. Me encontraba con las situaciones que poblaban mi imaginación y mis lecturas infantiles preferidas. Durante años había fantaseado con que, oportunamente y de manera indolora (no quería en absoluto que sufrieran), los adultos se esfumaban lo que nos obligaba a mí y a un puñado de amigos de lo más capaces a superar peligros sin que nunca se nos llamara a merendar.

 

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Había leído La isla del tesoro y La isla de Coral, por supuesto, y lo sabía todo de la parte menos respetable de la tradición, la serie de aventuras de Enid Blyton en la que cuatro amigos y un perro desarticulaban organizaciones criminales internacionales durante las vacaciones de verano. Lo que era tan atractivamente subversivo y verosímil de Golding era la premisa aparente de que en un mundo dominado por niños las cosas iban mal, de una manera horrible pero interesante. Y es que -y ese era el segundo descubrimiento- conocía a esos chicos. Sabía de lo que eran capaces. Había visto cómo lo hacíamos. Para mí, la isla de Golding era un internado apenas oculto.

 

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Extracto del epílogo escrito por Ian McEwan para El señor de las moscas de William Golding. Ilustraciones de Jorge González. Traducción de Carmen Vergara. Editado por Libros del Zorro Rojo.

La World Wide Web cumple 25 años

El 12 de marzo de 1989 Tim Berners-Lee describió el protocolo de transferencias de hipertextos

Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web, fotografiado en 1999. / Andrew Brusso

El 12 de marzo de 1989, el investigador británico Tim Berners Lee describió en un informe para el CERN el protocolo para la transferencia de hipertextos, lo que un año después sería la World Wide Web.

Las impronunciables tres W que preceden a la mayoría de direcciones de Internet nacieron ahora hace justo 25 años. Su inventor, un nombre ya mítico, fue Tim Berners-Lee; y, por una vez, el lugar a este lado del Atlántico, concretamente en una oficina del edificio número 31 del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), cerca de Ginebra.

Berners-Lee no inventó Internet. La red global se diseñó a mediados de los 70 y empezó a funcionar oficialmente en 1983, fruto de un proyecto de origen militar. Internet es básicamente hierro: Enjambres de ordenadores conectados entre sí, que comparten un protocolo o normas de conexión: Algo así como la lingua franca que les permite entenderse unos con otros. Y gracias a eso pueden ofrecer ciertos servicios como el correo electrónico o la transferencia de datos.

La Web, así, con mayúscula, en cambio, es intangible: La componen documentos, imágenes, sonidos repartidos por todo el mundo… Se estima que su volumen puede estar por los 1.5 zettabytes. Y aumentando, de minuto en minuto. El prefijo zetta implica un uno seguido de 21 ceros… Por encima de él solo queda definido el prefijo yotta (24 ceros). Después, habrá que inventar nuevas palabras

“Propuesta vaga pero emocionante”, escribió su jefe de departamento cuando le presentó el proyecto

El propio Berners-Lee describe ambos (Internet y la Web) como millones de elementos conectados entre sí. Pero mientras que en Internet son ordenadores conectados por cables y otros medios físicos, la Web es mucho más abstracta: una telaraña de información, en la que las conexiones son los enlaces de hipervínculo. Cada vez que, en su PC, usted hace clic sobre una palabra subrayada, que le conduce a otra página, está utilizando una de esas conexiones.

La idea de la Web no fue fruto de una repentina inspiración. Berners-Lee había empezado a trabajar en el CERN en 1980. Allí trabajaban entonces unas 10.000 personas, diseminadas por muchos centros, que se comunicaban entre sí por los únicos medios disponibles: Simple correo electrónico o envío de ficheros.

Pongamos las cosas en perspectiva: En 1980 Windows todavía no existía. La mayor parte de ordenadores personales funcionaban en MS-DOS: Simples líneas de texto verde sobre fondo negro. Las pantallas con capacidad gráfica, todavía con prestaciones muy primitivas, estaban reservadas solo a algunos privilegiados. En un disquete cabía entre un cuatro y medio megabyte. Un disco duro de 10 megas (del tamaño de una ensaimada y que requería cerca de un minuto para acelerar) era casi un lujo asiático. Internet existía, pero solo como soporte de correo electrónico, transferencias de archivos y algunos servicios de pago, que ofrecían descargas de información. La conexión, para el común de los mortales, pasaba por utilizar un módem sobre la línea de teléfono analógica.

Esquema inicial de funcionamiento de la web.

El primer trabajo de Berners-Lee en el CERN fue diseñar Enquire, una base de datos que con la que intentaba sistematizar las montañas de información inconexa que empezaban a acumularse. Enquire funcionaba a base de un sistema de tarjetas de información, que podían relacionarse unas con otras. Se implantó en el CERN , pero no era un sistema muy flexible, sobre todo porque cada introducción de nueva información resultaba complicada.

Berners-Lee dejó el CERN a finales de 1980, estuvo unos años trabajando en la industria y regresó en 1989, cuando el CERN era ya uno de los mayores nodos de Internet a este lado del Atlántico. Es entonces cuando -con la colaboración de Robert Caillau- presentó una propuesta para establecer un sistema de archivo de documentación mediante el uso de conexiones entre documentos de una forma más simple. Para añadir un enlace a Enquire, había que modificar la ficha del documento referenciado; el nuevo sistema permitía acceder a él simplemente indicando su “dirección” en la red. Era el germen de la Web.

La propuesta original -de la que ahora se cumple el cuarto de siglo- tenía solo 20 páginas, incluyendo unos pocos diagramas y ejemplos. Hacia el final se estimaba que bastarían dos personas para completar el proyecto inicial en un plazo de entre seis y 12 meses.

El director del departamento, Mike Sendall, acogió con interés la idea. Escribió en su primera página la escueta nota “Propuesta vaga pero emocionante…”, le dio su apoyo y el proyecto echó a andar.

El primer servidor de la Web fue un ordenador NeXT -un extraordinario diseño de Steve Jobs, posterior a su salida de Apple. Era una máquina adelantada a su época y que quizá por eso nunca tuvo mucho éxito comercial. Estaba instalado en el propio CERN y su dirección era http://info.cern.ch.

La página principal de este sitio era un simple menú de nueve puntos, que explicaba el alcance del proyecto, la forma de utilizar los enlaces y cómo instalar nuevos servidores. No faltaba un apartado de bibliografía, referencias de software y una lista hasta veinte de colaboradores. Todo, por supuesto, en simple texto, sin ni un solo gráfico ni adorno.

El primer servidor web, se muestra en la exposición Microcosmos del CERN.

Hoy, estas páginas han sido restauradas, como si se tratase de un yacimiento arqueológico, devolviéndolas a su aspecto original. Son accesibles desde la dirección original.

¿Por qué WWW? El propio Berners-Lee estuvo barajando varios nombres para su proyecto. Entre ellos, Mine Of Information (descartado porque sus siglas deletraban “moi”, en francés, que se consideró un poco egocéntrico) y The Information Mine (igualmente descargado por la misma razón: “TIM” era el nombre del propio inventor…). Al final, quedó en las tres W, que, aparte de definir muy bien su alcance global e interconectado, tenían cierto atractivo desde el punto de vista gráfico.

Al principio, los pocos servidores de la web estaban instalados en centros europeos, casi siempre relacionados con el CERN. El primero en Estados Unidos fue el del Acelerador Lineal de Stanford, que entró en funcionamiento en 1991. A medida que corría la voz, su número proliferaba.. En enero de 1993 había solo 50 servidores en todo el mundo; en octubre esa cifra se había multiplicado por diez.

Primero instituciones académicas fueron los usuarios más entusiastas; luego, grandes corporaciones. Y, por fin, firmas comerciales o particulares de todo tipo. Gran parte de ese éxito se debió a la decisión del CERN de liberar software y especificaciones sin cargar royalties por ello.

Pero Berners-Lee no se limitó a establecer los principios de la web. En 1990 escribió el primer navegador con interface gráfica, que podría presentar no solo texto sino también descargar imágenes. De momento, solo en tonos de gris, que era lo único que soportaba su NeXT.

Las tareas pendientes, según Berners-Lee

El creador de la World Wide Web muestra en declaraciones al Instituto Pew algunos de los retos que debe afrontar su sistema de comunicación para mantener su vigencia y salud. “A medida que la Web cumple 25 años se evidencia que hacen falta más datos para realzar y defender la web. La comunidad que formamos es tan grande como el mundo; luchamos con amenazas de seguridad cada vez más reales, así como de vigilancia, privacidad, infraestructuras abiertas, neutralidad de la red y protección de contenidos entre otros retos. Creo que es vital que se pase a la acción, que se realce y defienda la web”, apunta.

El NeXT era una máquina poco extendida y solo quienes disponían de una podían aprovechar las capacidades gráficas de la Web. El resto tenían que conformarse con simples versiones de texto, así que pronto aparecieron navegadores para otras plataformas. El propio Robert Caillau, uno de los primeros conversos e impulsores de la idea de Berners-Lee, empezó a desarrollar uno para sistemas Mac pero para entonces, el Centro Nacional de Aplicaciones para Supercomputación de Estados Unidos había volcado sus recursos en diseñar el Mosaic, que se convirtió de hecho en el standard de los navegadores. Fue el abuelo de los Netscape, Explorer, Firefox y demás…

En 1994, el propio Berners-Lee promovió la creación del World Wide Web Consortium (W3C), para mantener unos estándares comunes en el funcionamiento de la red, que por entonces todavía no se había popularizado mucho pero que ya empezaba a mostrar su potencia. En ese consorcio participaba DARPA, la agencia cuyos trabajos en redes de comunicaciones resistentes a catástrofes habían dado origen al propio Internet.

En 1999, la revista Time incluyó a Tim Berners-Lee en la lista de las cien personas más influyentes del siglo XX. Y con motivo. Pocas veces puede decirse que una revolución social como la que ha propiciado la Web haya sido obra casi exclusiva de un solo hombre. Quizás habría que remontarse hasta Gutenberg.

 

P.S. Aunque me envejece recordar estos inicios de Internet me alegra y enorgullece poder ver mi primera página web que publiqué en 1995 en la University of Texas, en Austin. Lamentablemente me hace echar de menos a mi gran amigo y colega John Slatin a quien le dedico esta noticia. Si viviera lo hubieramos celebrado juntos tomando un buen vino.

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